¿Cómo ayudar a mi hijo o hija a elegir su carrera?

Elegir una profesión es, sin duda, una decisión de vida. Es una decisión para que una persona pueda prepararse para la vida productiva, y dicha carrera le dará las bases para iniciar su participación más activa en la sociedad, en la nación y en el mundo, de una u otra forma, y de esa interacción, un intercambio de influencias, se forjará la primera etapa de su vid adulta… Entonces, como padre, madre o tutor ¿cómo debo participar de esta decisión de vida de mi hijo o hija?

Parto del supuesto, que aplica en la mayoría de los casos de jóvenes, en dónde como padres o tutores, seremos los “patrocinadores” de los estudios profesionales del hijo o hija, así que nos podemos ver en dos extremos, en el primero decidir por esta persona, diciendo algo así cómo “yo se lo que te conviene”, o bien “en esta familia se estudia tal carrera y punto”; y en el otro extremo dejar la decisión al hijo o hija, diciéndole: “yo te apoyo en lo que tú decidas”, o bien “lo que tu elijas será lo mejor”.

El primer extremo corresponde a una postura autoritaria, en donde seguramente como papá o mamá quiero sentirme en control de la situación y no dejar a la suerte o a un acto impulsivo del hijo o hija una decisión tan relevante, siendo que hay un conocimiento profundo de diversos temas tales como sus capacidades, el mercado laboral, las posibilidades financieras para pagar cierto tipo de carreras y muchos otros aspectos.

No obstante, la imposición puede tener efectos negativos o de resistencia por parte del joven en cuestión, quién después de todo será quien estudie, y sin lugar a dudas, el beneficiado o perjudicado por la decisión que se tome. Si al final la decisión resulta adecuada que mejor, sin embargo, da cabida a que el estudiante no se sienta responsable de concluirla o de avanzar al ritmo esperado, no se sienta motivado o que finalmente ni siquiera tenga deseo de ejercer esa profesión.

Es posible que muchos de nosotros consideremos que este extremo suena a algo de “siglo pasado”, pero se sorprenderían de saber que aún en estos tiempos se dan casos, incluso el de decidir que el hijo o hija ya no estudie; en cualquier caso, la postura autoritaria pareciera no ser “mala” en su objetivo sino en la forma, y en particular por la actitud, empeño y motivación que se requiere para lograr concluir una carrera e insertarse en el mundo de “los adultos”, en la vid productiva, en la población económicamente activa y en general en la sociedad.

Un punto menos extremo, es persuadir al estudiante para que elija cierta carrera, con base en los argumentos que como padre o madre tengamos, e intentar que los entienda para lograr que quede convencido o convencida de la decisión. Si bien la postura deja de ser autoritaria, prevalece el interés de mantener en control la situación para que nuestro hijo o hija tome el camino que hemos pensado será el mejor para él o ella. Sin embargo, este enfoque insiste en dejar de lado los argumentos del principal interesado y afectado de la decisión. Puede ser que nuestro hijo o hija, terminen accediendo sólo por no haber podido explicar otros argumentos, o bien, de momento quedó convencido o convencida, pero a la larga surgieron otras situaciones no consideradas que terminen afectando su desempeño como estudiante, o bien su inserción laboral, al no encontrar una verdadera motivación para dedicarse profesionalmente a su carrera.

Así que otro punto, que se aleja del anterior y se acerca al extremo de ceder por completo, es el de discutir. Discutir con un hijo o hija a esta altura de su vida, por la edad y por las propias condiciones del proceso de maduración en el que pueda estar, podría ser un campo minado; no obstante, puede ayudar a escuchar los argumentos del estudiante, quién tendrá oportunidad de poner en la mesa sus argumentos, para contrastarlos con los nuestros. Aquí hemos dejado de ser autoritarios, no obstante, se corre el riesgo que la decisión corresponda a la capacidad de ganar la discusión, más que a los propios argumentos, o peor aún, se dejen de lado los intereses de ambas partes, con tal de “salir de la discusión”.  Las discusiones podrían afectar las decisiones, en particular por la carga emocional que se puede derivar, y si la decisión dista mucho de lo adecuado, esto puede repercutir en el estudiante o en el egresado.

En el otro extremo, dejamos por entero la decisión a nuestro hijo o hija, lo cuál le confiere mayor (o total) responsabilidad y compromiso; no obstante, él o ella podrían sentir que es demasiado peso hacer la elección, y no hacerlo de la manera adecuada, o basar su decisión en algún “impulso” o “corazonada”, o porque es la carrera de moda, la que “todos están estudiando”, porque es el “futuro”, o por alguna otra influencia. En esta circunstancia el estudiante desconoce si realmente sus padres podrán apoyarlo (patrocinarlo) durante todos los años de estudio, o algún otro factor que sea relevante como la ubicación geográfica de la escuela, situaciones que puedan influir a la larga, porque no se revisaron o planearon debidamente.

Si bien he planteado estos cuatro puntos, no significa que sólo nos movamos en alguno de ellos, no obstante nos dan una idea de que rol solemos tomar de forma “tradicional” en este proceso de decisión con el hijo o hija para elegir su carrera.

Ahora mi propuesta, es abordar este proceso de decisión desde el Coaching, tomando lo más relevante de estas posturas en beneficio de lograr la decisión más adecuada, de acuerdo a las propias necesidades de la familia, y en particular de quién va a estudiar la carrera que elija.

Bajo las perspectiva del Coaching, como padre, madre o tutor, podemos adoptar un rol en dónde desarrollemos conversaciones de acuerdo a las características de nuestro hijo o hija, sin imponer, sin persuadir, sin discutir y sin claudicar (de nuestra parte), en cambio, con buenas conversaciones podremos escuchar, entender, impulsar, analizar, pasar a la acción y de manera concreta, promover en nuestro hijo o hija factores que contribuyan a una mejor decisión, como son:

  • Identidad
  • Misión de vida
  • Motivación
  • Responsabilidad
  • Compromiso
  • Acciones
  • Viabilidad

La propuesta es hacer equipo con tu hijo o hija para definir una estrategia que permita lograr la mejor decisión, esto sin duda que será un proceso arduo, que valdrá la pena, y que permitirá a tu hijo o hija dar un gran paso, y a ti tener la tranquilidad y la confianza de que los desafíos por venir los podrán vencer de manera conjunta.

Nuestra propuesta de valor es que generes un espacio de diálogo, para que a través de conversaciones puedas co-crear con tu hijo o hija el plan de acción para estudiar una carrera y después ejercerla de manera exitosa.

 

Antonio Simancas

 

 

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